Sunday, January 23, 2005

Antígona, en Caína

Brecht aconsejaba a los gobiernos comunistas disolver el pueblo por decreto, para intentar evitar la sublevación de los ciudadanos. A través de una educación correcta, la publicidad y los medios de incomunicación de masas, los gobiernos pueden conseguir el inmovilismo sonámbulo de las poblaciones. Sin embargo, ¿qué hacer cuando los muertos sacan los brazos de sus tumbas para agarrarse el cuello de los vivos, pidiendo paz, justicia o venganza? El ministro J. Bono se vio forzado a huir de una manifestación madrileña, organizada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), porque su presencia desencadenó un estallido de cólera agresiva entre muchos de los presentes, padres, madres, esposas, hermanos o hijos de mujeres u hombres asesinados. Hace días, una madre acusó a una banda de políticos de utilizar la sangre derramada de su hijo para manchar la cara de sus adversarios. Quienes comercian a diario con el odio, la sangre derramada y los ataúdes todavía insepultos perciben con rapidez felina el riesgo de tales estallidos de violencia incontrolada, y se cubren inmediatamente con el hipócrita manto de púrpura de la honradez, la justicia, o la dignidad ultrajada. Desde Antígona, las honras debidas a los muertos nos recuerdan que nuestra libertad solo puede echar raíces en los principios éticos, morales y espirituales donde su funda nuestra familia, nuestro pueblo, nuestra patria. Creón percibe con claridad meridiana que el respeto de Antígona por la memoria de sus hermanos muertos de manera fratricida es una amenaza contra la Tiranía, que se funda en la ruptura de los lazos de sangre, amor, solidaridad, respeto y justicia entre hombres encadenados. Tras haber sembrado el odio (y Bono no desconocía, ni mucho menos, las maniobras de reptiles que culminaron con la fundación del GAL), este o aquel gobernante también aspira a chupar la sangre de las víctimas sepultas o insepultas: todo es bueno para chupar basura audiovisual. La madre de un niño asesinado en Atocha ----entre otros centenares de víctimas inocentes----, los padres, hermanos, esposas o hijos de otras víctimas, protestan como pueden, como saben o el corazón les dice de hacerlo. Los muertos se agarran al cuello de sus familiares y les hablan de la casa que habían intentado fundar y hoy están manchada de sangre inocente. Antígona se enfrenta al Tirano para honrar la memoria de sus hermanos muertos a las puertas de la Ciudad. El suyo es el combate tan actual de la Cultura (lo bueno, lo justo y lo bello) contra la Tiranía que nos encadena en su ergástula de conformismo al convertirnos en fantasmas sonámbulos, pasto de fuerzas ciegas y anónimas (las Furias de la dramaturgia griega del siglo V), que una educación correcta, la guerra publicitaria permanente y los medios de incomunicación de masas manipulan en su beneficio, para nuestra perdición.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home