
Passy en invierno, by Miguel Leache
Mañana se hablará de...
La banda de
Elástico organiza (15, 16 y 17, en Barcelona) una suerte de
brainstorming o
happening internacional para hablar de
Cultura Libre (
Free Culture, de
Lawrence Lessig traducida por Antonio Córdoba), Copyfight, periodismo participativo, licencias
Creative Commons y otras formas de agitación blogosférica.
¿Cómo evitar la simpatía y esperanza que suscitan ese arco iris de iniciativas que no sé si calificar de libertarias, donde la creatividad individual ocupa un puesto tan determinante en la imaginación, concepción y materialización de otros mundos, que están es este?...
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Al mismo tiempo, me digo, la creación, la escritura, la pintura, la fotografía, el arte, no dejan de ser, siempre, una aventura, un riesgo y una fe individuales, solitarias, las más de las veces. Descubrí por azar, a través de
Passy, la obra enigmática, misteriosa, secreta y olímpica, en definitiva, de un maestro en el arte de la acuarela, Miguel Leache. Y ese descubrimiento ----todavía falto de un conocimiento más directo, en la soledad del visitante a un museo o una galería de arte---- me recuerda la evidencia: el trabajo solitario, silencioso, de grandes artistas obstinados en la defensa de las viejas artesanías del lápiz y el pincel, amenazadas cuando no perseguidas por la Tiranía del mal gusto y la “novedad” que gobiernan en buena medida los mercados de arte contemporáneo.
Miguel Leache renueva los temas tradicionales de los acuarelistas de talento, y descubre nuevos horizontes, nuevas perspectivas, con una disciplina rarísima en nuestro tiempo. Con frecuencia, sus paisajes urbanos tienen la misteriosa gracia de las composiciones fotográficas de Cartier Bresson: iluminados con la luz “artificial” del gran arte; la acuarela crea nuevas realidades, nuevas presencias, y lo cotidiano queda para siempre tocado con la gracia de la fe de un creyente en las misteriosas semillas del arte.
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